Al cabo de 7 años, cuando el PP y su LOMCE está a punto de acabar con la LOE (2006), todavía estamos muy lejos de haber puesto en práctica aquellos principios. Son 'cosas' que tienen todos los sistemas, tanto los macros como los micros, los biológicos como los sociales o mentales: desarrollan mecanismos de resistencia al cambio por miedo a desaparecer. El sistema educativo no se salva. Es más: desaparecidos los dinosaurios, podría considerársele como un paradigma de resistencia al cambio...
Uno de los pilares de aquella ley fueron las ocho competencias básicas, que echaban por tierra definitivamente los famosos objetivos conceptuales, procedimentales y actitudinales de la LOGSE (1990) (¡pobrecitos y pobrecita!) y proponía un cambio de metodología en las aulas: el trabajo por tareas integradas. Al cabo de 7 años ¿quién practica las tareas integradas?. Hay muy pocas honrosas excepciones. Y confieso públicamente que yo no estoy entre los honrosos (a los que admiro de corazón), por lo que pudiera parecer que lo que voy a decir a continuación pudiera sonar a justificación de una incompetencia (pudiera ser) o pataleta inútil de un resabiado (que también pudiera ser). Lo que sí es, seguro, sin ningún género de dudas, es la constatación de una realidad, la auténtica, no la de patricios que gestan y paren leyes lejos de las aulas, sino la del plebeyo que tiene que ganarse el pan de cada día (y ya son muchos días...) bregando con adolescentes, cara a cara con cada uno de ellos o en grupos (a veces pandillas) de a más de 37.
A nadie se le puede escapar que las tareas integradas implican cambios radicales, profundos, es decir, de mentalidad. No solo la de la clase política (¿primera insalvable utopía?), que debería modificar su consideración del 'gasto educativo' como una inversión no rentable, sino, y más importante, la mentalidad de los educadores (estoy en ello...), la de los propios alumnos y la de sus familias, la de los propios administradores-gestores del sistema educativo, no me refiero ya a los políticos, sino a los que reparten los menguados dineros (presupuesto es palabra mayor para tanta miseria) y los recursos materiales, los que organizan los horarios, los tiempos, los espacios, etc... Las editoriales no pueden quedar al margen de este cambio de mentalidad. Siguen editando libros 'por asignatura' que siguen siendo eso, libros de texto de 'asignatura', por mucho que a veces hagan referencias cruzadas a 'otras asignaturas' o los envuelvan en apariencias (los llaman formatos) digitales y les den toques casi mágicos, de prestidigitación, con atractivas visualizaciones en flash, enlaces hipertextuales, apoyo multimedia..., que están muy bien, y se agradece, pero que no tiene nada que ver con tareas integradas...
En fin: el desarrollo de las competencias por tareas integrada EXIGE cambios profundos (de mentalidad) y otros no menos importantes (de organización escolar y metodológicos) y, o lo hacemos (bien) o cerramos el chiringuito. Porque, tal y como estamos, las competencias se podrían alcanzar mejor, en calidad y modo (más lúdico y divertido), y antes, fuera del sistema educativo. Y más barato: nos ahorraríamos maestros, conserjes, cargos directivos, transporte escolar, fotocopiadoras, ordenadores y demás tecnología audiovisual, mesas, sillas, luz, agua, mantenimiento,... edificios. (Tomen nota los contables de este reino en crisis).








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